Foto: inkelv1122

Espacios de residuo, lugares de tránsito, pareciera que existe alguna similitud entre lo que definió hace algunos años Rem Koolhaas como espacio basura o como lo menciona Marc Augé como descripción de “un no lugar”, uno en un sentido más arquitectónico y el otro en una forma más antropológica, las conclusiones son similares, la arquitectura contemporánea enajena al usuario del lugar donde habita o donde se encuentra a fin de eficientar los sucesos que pasen al interior y dejar lado los procesos.

Pareciera casi una cuestión maquiavélica del fin justifica los medios, pero la realidad es que, con la velocidad de la actualidad, a la mayoría de las personas no les queda otra opción más que sumergirse en la vorágine de las relaciones contractuales y menos interpersonales para librar sus necesidades.

Esto se ve reflejado en los espacios más grandes como aeropuertos, centros comerciales que llegan a tal grado de utilizar mecanismos como elevadores, escaleras eléctricas para eficientar los traslados, escaparates e incluso un self service (autoservicio) con el aliciente de que puedas realizar todo en un mismo lugar en el menor tiempo posible.

Pasamos horas al interior, pero el mismo acomodo de los espacios, la manera en cómo se llevan a cabo las acciones al interior produce que en ningún momento se lleven relaciones con otras personas, con la llegada del internet y servicios en línea, la situación se ha visto aún más confusa, ya que empresas como Amazon, Ebay, etc. realizan todas las necesidades desde la comodidad del hogar, aplicaciones variadas nos facilitan acciones tan básicas como comida, asilo, servicios generales.

La cuestión sería, ¿dónde entra el “usuario” o el “habitante” en estos espacios?, existen realmente o ahora se tendrá que recurrir a avatares que simulan nuestras acciones o interacciones con el resto de las personas, al final la serie Black Mirror con diferentes capítulos con finales distópicos no se ve tan alejada como creemos que está, falta aceptar que nos enfrentamos a un proceso de adaptación del que no sabemos si exista un punto de retorno.

Los no lugares cada vez ocupan más espacio en la arquitectura de hoy en día, ya que incluso si bien empezaron siendo como obras grandes de carácter privado, hoy en día cada vez más la gente siguiendo la “moda” privatizando sus espacios públicos y hasta en sus hogares crea divisiones cercas, en ocasiones con el pretexto de apropiación y seguridad, hemos perdido el sentido del detalle. No el detalle del objeto arquitectónico sino el de la sensación y el del fin del espacio, ahora damos por sentado que con que el espacio se vea “bonito” en las fotografías, mismas que siempre se presentan sin gente es más que suficiente para llamarle buena arquitectura, pero qué pasa cuando este espacio blanco inmaculado muestra una mancha, un niño jugando, un señor leyendo el diario, perdería la facultad que lo llevó a ser buena arquitectura, o qué pasa si por un momento se desarrolla una actividad diferente y menos monótona en un espacio que fue creado para atender y expulsar.

Estas son quizás las cuestiones que deberíamos replantearnos para sacar nuestras conclusiones de a dónde nos ha llevado nuestra contemporaneidad con la que nos aferramos a vivir.

*Mtro. Isaias Ornelas Herrera, Maestro en Diseño Arquitectónico