Educar no hacer negocio

La educación en arquitectura e ingeniería se enfrenta a grandes retos, por una parte, es urgente que los estudiantes realicen algún tipo de práctica durante la carrera y por otra, es urgente que las escuelas mantengan la formación en las bellas artes, filosofía y ética, materias que se reflejan en la realización de una “buena arquitectura”.

En Guanajuato existen más o menos 30 facultades de arquitectura y otras siete de ingeniería civil. En promedio egresan más de 600 alumnos de las primeras y otros 160 de las segundas: entonces “¿dónde está la arquitectura?, uno ve el espacio físico y realmente los profesionales no están influyendo en el diseño del espacio”, afirmó Martín Anzellini, Director del Departamento de Arquitectura de la Universidad Javeriana en Bogotá, donde sucede la misma situación. 

 

Anzellini calcula que el 60% de los egresados trabaja en construcción, un 30% se dedica a oficios totalmente diferentes a la profesión y solo un 10% lo hace en diseño, desde proyectos hasta vitrinas. El panorama no es muy diferente en Guanajuato, Benjamín Mendoza Gutiérrez, presidente del Colegio Estatal de Arquitectos, considera que las escuelas hoy en día se han concentrado en enseñar para construir, pero no tanto para el diseño, “la verdadera vocación de la arquitectura”. En contraste, en Suiza, por ejemplo, existen tres universidades con esta carrera, y como dice Martín, “allá, ser arquitecto es casi el equivalente a neurocirujano, la buena arquitectura es una obligación”. 

Tanto Anzellini en Colombia, como Mendoza en Guanajuato, están de acuerdo que en las escuelas de arquitectura se debe mantener ese espíritu de formación original; compuesto por el conocimiento de la historia de la arquitectura, mediante las obras de los grandes maestros, acompañado de materiales, calculo, diseño digital y otras materias técnicas, pero también con filosofía, historia universal, pensamiento crítico, ética, cátedras en humanidades. Para el arquitecto Juan Antonio Falcón, “ahora los programas académicos están pensados para producir gente y mandarla al mercado lo más pronto posible”. Por ello, al salir, requieren por lo menos dos años de trabajo en campo para “más o menos soltar el vuelo, porque los chicos saben que salen mal preparados”. 

 

Alternamente, Martín propone crear escuelas técnicas para las áreas relacionadas con la arquitectura, “debe haber una persona entre el arquitecto y el albañil que sea experto en cada tema; en ello está de acuerdo Falcón quien señala que los oficios en la construcción los realizan personas formadas por otros que llevan años en dicho trabajo, pero eso no significa que lo hagan bien o con profesionalismo y conocimiento real. Finalmente, si un proyecto está bien pensado estará apropiadamente realizado y garantiza al usuario su seguridad y especialmente su confort.

 

Por supuesto, en la ingeniería el panorama no es muy diferente, para José Luis Ayala Ramírez, presidente del Colegio Estatal de Ingenieros, “en la formación del profesionista hace falta el desarrollo de competencias transversales y complementarias, como puede ser en administración, emprendimiento, relaciones interpersonales que le ayuden a desarrollar de mejor manera todo ese bagaje técnico que aprenden en la universidad”. 

Obras sin identidad

Otro punto importante que menciona el arquitecto Mendoza es que la arquitectura hoy en día se ha estandarizado a tal punto que ha perdido identidad con el país o la zona donde se ubica, “a tal punto que a partir de un prototipo se realizan obras más económicas y rápidas, pero apartadas de los valores estéticos propios de una sociedad que le dan al diseño arquitectónico su cualidad”. 

Para Falcón, la enseñanza también implica retos para los docentes, él considera que los arquitectos han encontrado en la docencia un trabajo más no una vocación eso implica, por ejemplo, mantenerse actualizado y tener un compromiso hacia el educado, “aunque también de este último hacia el maestro, porque está ahí porque tiene un puesto medio y si estudia una licenciatura puede subir en el escalafón”. Juan Antonio considera que “también nos ha faltado la vinculación internacional, damos por hecho que tanto el equipo docente, como el de investigación o el estudiantil no tenemos la atura suficiente como para competir en el exterior”. 

 

Finalmente para Falcón debe haber una integración entre facultades para potenciar a la región y hacerla más competitiva. “Falta mucho romper paradigmas por ejemplo que, si una escuela es de nivel medio o bajo, los chicos puedan viajar, en el país o al extranjero, buscar los medios para secarlos de su contexto para que vean otro, y que sobre eso vean, plasmen y empiecen a planear otras cosas, darle sentido a la palabra innovación”. 

Vida colegiada

Relacionado con el contacto con la realidad, también está la opción de la vida colegiada, de hecho, los colegios están tratando de involucrar a los recién egresados con una amplia oferta académica técnica y con habilidades que las universidades no contemplan actualmente. Sin embargo, los mismos colegiados sienten que aún no cuentan con gente suficiente para relevarlos en dichas instituciones. José Luis Ayala Ramírez, señala que los colegios de ingenieros del estado si tienen una renovación, aunque no con la fuerza que quisieran.

 

Juan Antonio Falcón considera que es necesario actualizar la estructura y la forma de trabajar de los colegios para hacerlos más atractivos a las nuevas generaciones. Porque finalmente son instituciones importantes en la actualización del sector. Benjamín Mendoza cree que más allá de la actualización, los colegios deben certificar a los profesionales en el servicio para garantizar al cliente que las persona con la que están trabajando si tiene la capacidad de responder efectivamente a un determinado trabajo. De hecho, estas instituciones están trabajando en ese tema y ya existen algunos cursos que expiden dichas constancias. 

Finalmente, tanto alumnos, como escuelas, colegios y cámaras son los entes oficiales que promueven el crecimiento y mejora del sector de la construcción en general, por ello deben seguir trabajando en búsqueda de la excelencia, pues finalmente la responsabilidad social de las citadas carreras no se va en unos meses, sino que trasciende como las obras en el tiempo. 

 

Por: Mónica Lucía Pulido Celis, Directora de Contenido Revista ARKIN, m.pulido@arkin.mx

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