La filosofía del jardín japonés

 

El jardín japonés es uno de los conocimientos ancestrales de la humanidad que fue heredado de maestro a aprendiz a través de los años, encuentra su inspiración en la naturaleza, replicada a diferentes escalas. Hisamotsu Shinisi consideraba la jardinería como una de las muchas artes inspiradas en el budismo zen. Las siete características principales son: asimetría, simplicidad, austera majestad o majestuosa aridéz, naturalidad, refinada profundidad o profunda reserva, serenidad suspendida y paz.

 

El estilo implementado por el jardín japonés, tiene sus inicios a la par de los primeros núcleos urbanos y palacios; considera la apreciación de la naturaleza de acuerdo a sus rasgos destacados, incluso la estructura de una piedra y la composición dentro del jardín. En la religión sintoísta las piedras, dignas de veneración, se marcaban como sagradas. 

Japón es un país conformado por islas, hecho que replican en los jardines con elementos que simbolizan montañas y agua, las rocas están siempre presentes como símbolos de divinidad y la arena con sus ondas dibujadas, representan el mar que los rodea. Los jardines japoneses no implementan ejes rectos, ni una sola característica que domine la vista, manejan planos verticales, con rocas, árboles, bambú y características horizontales con materiales pétreos y el elemento de agua. Los primeros ejemplos, tenían aun mucha influencia de los jardines chinos, reinterpretaban la montaña sagrada, fueron precedidos por los de inspiración budista, que eran mayormente de contemplación, donde el sujeto era un observador externo; para entender la arquitectura religiosa de esa época es necesario conocer un poco de la ideología del espíritu. El budismo considera que todo el mundo es efímero y que la vida es un sueño, el pensamiento humano es consciente de sus necesidades espirituales una vez que ha satisfecho las materiales; este tiempo de influencia es llamado la época de Heian, en la cual únicamente la nobleza y los monjes budistas tenían permitido cultivar el arte y en especial el de los jardines, por ella era considerada una tradición secreta. Esta información fue transmitida oralmente de maestro a discípulo, siempre y cuando el primero considerara que el segundo era digno de ello. 

 

Los elementos que conforman los jardines no son considerados como objetos muertos, sino seres que tienen personalidad propia y son tratados con amor y respeto, la simetría de lo artificial contrastaba con la asimetría de la naturaleza implementada en el jardín, que es una interpretación creativa de la naturaleza que respeta y resalta el encanto de las cuatro estaciones. 

Después de las dos guerras civiles de los años 1,156 y 1,159, Japón disfrutó de un renacimiento religioso que se vio reflejado en el arte, el estilo de jardín representativo de esta época fue el Zen, el cual representa la belleza abstracta natural que se puede encontrar en el mundo real o el mítico, creando una composición cuya función es la de incitar a la meditación. La mayoría de los jardines de este estilo los podemos encontrar en Kioto, los cuales fueron obra del monje Muso Soseki (1275-1351). Nanzen-ji ; Saiho-ji (El jardín Moss), y el Tenryū-ji son de sus jardines emblemáticos. 

 

La época Muromachi transformó por completo la idea del jardín japonés, este estilo es constante inspiración en estos espacios contemporáneos, no implementaba elementos acuáticos, ni vegetación, ni arboles; Ryoan-ji “Templo del dragón apacible” en Kioto es el claro ejemplo de este estilo, una muestra pura de “shakkei”, el arte que incorpora el paisaje más allá del muro. Fue declarado Patrimonio de Humanidad por la UNESCO en 1994. 

En la cultura japonesa el jardín es un gran arte, igual que la caligrafía y pintura. Su diseño sigue los principios de la perspectiva de la pintura del paisaje japonés, se caracteriza por tener un primer plano, uno intermedio y otro lejano; el espacio vacío entre ellos tiene una gran importancia, es donde normalmente encontramos elementos considerados sagrados como agua o rocas, o la arena que representa al agua en los estilos áridos. Busca generar la ilusión de ser más grande de lo que realmente es, aprovechando la posición de los árboles y arbustos en miniatura para crear la ilusión de que están lejos. 

 

*Arq. Korina Bolaños González, Arquitectura del Paisaje y Jardinería – contacto@unounoarquitectura.com

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