La pérdida del espacio público.

 

El espacio público debe ser considerado como el principal lugar de encuentro y socialización en las ciudades, soporte de múltiples actividades así como de debate político y empoderamiento colectivo. Un bien común desde el cual se puede fomentar la igualdad, el respeto y la solidaridad como base en una sociedad más justa.

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Una de las principales características del espacio público es su capacidad de adaptación y de apertura a nuevos retos y usos. Sin embargo, en los últimos años, la concesión de licencias para la ocupación de la vía pública se ha convertido en un negocio al alza para los gobiernos locales. La regularización y limitación legal del uso de nuestras plazas y otros espacios a través de normativas y concesiones municipales es una de las principales dimensiones de la privatización del espacio público. 

 

La privatización establece condiciones que restringen el acceso libre a un bien común; que trae consigo la sobreexplotación del espacio público para el beneficio de empresas y constituye un modelo urbano consumista y poco recomendable para la ciudadanía. 

La política de revitalización de los espacios públicos, sobre todo en centros históricos, trae consigo la promoción de ciudades turísticas-comerciales, donde éstas se transforman en centros de ocio, de consumo (a través de restaurantes, bares, cafés, etc.) quienes se apropian del espacio público, limitando su libre paso y acceso para el resto de la población. 

 

La definición inteligente de marketing urbano debiera referirse al proceso continuo de desarrollo y promoción de una ciudad donde el componente más importante sea su filosofía orientada a las necesidades de los ciudadanos que la habitan; donde, la búsqueda de derrama económica vaya de la mano de políticas y programas de desarrollo urbano sustentables y transparentes a la ciudadanía. 

Es decir, que exista la colaboración y cooperación con propuestas urbanas de carácter público-privado en la gestación de proyectos que desarrolle el gobierno donde las intervenciones surjan desde una noción que respete las funciones tradicionales del sitio, así como la residencia de los viejos moradores, y además se entienda al centro de la ciudad como un elemento con alto grado de valor cultural y social, una naturaleza capaz de ser “rentable” para el sector privado y para el desarrollo social de la comunidad.

 

*Dr. Alejandro Guzmán Ramírez, Académico – Investigador Departamento de Arquitectura. División de Arquitectura, Arte y Diseño. Universidad de Guanajuato, alejandroguzman06@gmail.com

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