Las mascotas contaminan

 

En los países desarrollados está de moda tener mascota, sobre todo en poblaciones urbanas, lo cual genera ciertos impactos sobre el medio ambiente que no son de poca importancia. La industria de las mascotas crece a un ritmo anual promedio del 6% en América Latina, como lo indica el reporte de Euromonitor Internacional. Un perro de tamaño medio deja una huella ecológica superior a la que provoca un vehículo 4×4, y con un gato es mayor a la de un vehículo utilitario (Ecoavant, 2019).

 

Un estudio de la Universidad de California descubrió que los perros y gatos estadounidenses generan 64 millones de toneladas de dióxido de carbono al año. Si fueran un país, serian el quinto más contaminante. De los 163 millones de perros y gatos estadounidenses son responsables del 25% del impacto ambiental del consumo de carne en los Estados Unidos. Las mascotas tienen grandes beneficios, pero un impacto ambiental enorme” (Gregory Okin, UCLA). 

La contaminación biológica por heces y orines, es un gran problema que se vincula a las mascotas domésticas, la mayoría de las veces los excrementos se quedan sin ser limpiados en espacios públicos por los propietarios de los animales, lo cual conlleva a problemas ambientales y sociales para la población.  La principal medida implantada es la utilización de bolsas de plástico para recoger las heces, lo cual supone la utilización de millones de bolsas de plástico diarias, estas tardarán unos 150 años en descomponerse, por lo que las mascotas, a su vez contribuyen con la contaminación por plásticos al planeta. 

 

Por su parte, las mascotas abandonadas también producen problemas ambientales; por ejemplo, los gatos incrementan el número de depredaciones de aves, lo cual es perjudicial para la biodiversidad; los perros abandonados se pueden agrupar en jaurías jerarquizadas, ya que esto les proporciona mayor capacidad para cazar, lo que supone una amenaza grave para la fauna silvestre y a veces la población. 

Desde el punto de vista ambiental, reducir estos impactos no implica romper la relación entre humanos y mascotas, lo cual resultaría imposible. La solución radicaría en lograr entender que los animales de compañía son seres vivos y no objetos, y que se deben tomar medidas acordes a ello para reducir su impacto, por ejemplo: buscar fuentes sustentables de alimentación, hacer camas y juguetes con material reciclable, reciclar las bolsas de los alimentos y las envolturas de los juguetes, recoger los residuos fecales con bolsas biodegradables, limitar la población de mascotas esterilizando, utilizar restos de comida para alimentar a las mascotas, y tomar medidas anti escape en el caso de poseer mascotas exóticas, entre muchas otras que seguro puedes implementar con tu mascota.



*Ing. Ricardo Rincón Rodríguez, Director General de ECOGROUP Consultoría Ambiental, ricardo.rincon@ecogroup.com.mx  

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