Urbanismo Social

Término que surgió en la alcaldía de Medellín-Colombia para designar las iniciativas gubernamentales y comunitarias, que buscaban mejorar los espacios con los mayores índices de criminalidad de dicha ciudad.

Este hecho posicionó a la capital de Antioquia, como un modelo pionero de urbanismo, bajo el mandato del exalcalde, Sergio Fajardo, de 2003 a 2007, se creó el Modelo Medellín, cuyas metas eran:  planear para no improvisar, construir parques, bibliotecas y equipamientos educativos, crear proyectos urbanos integrales, implementar un plan de paseos y calles emblemáticas y la construcción de vivienda social. Los Planes Urbanos Integrales (PUI) fueron dirigidos y empleados en las poblaciones más afectadas por la pobreza, criminalidad y la marginalización. Por medio de éstos se planifica la transformación sostenible y eficiente de las comunidades a través de sus aspectos físicos, sociales y económicos. 

 

Al tener una participación activa en el proceso de diseño y ejecución de las iniciativas, las comunidades crearon un sentido de pertenencia con las nuevas edificaciones e intervenciones urbanas. Se minimizaron los conflictos durante el proceso y la comunidad desarrolló un sentimiento de protección con su nuevo entorno, lo cual los motivó a mejorar las condiciones de vida de la misma. Proyectos como el «Metro cable» han mejorado la calidad de vida de los habitantes, con esta intervención del gobierno, el trayecto tarda 10 minutos en la comodidad de los teleféricos.

El Puente de la Paz, proyecto de poca inversión económica, ha rendido uno de los frutos más emblemáticos del modelo. Por medio del mismo se logró un acuerdo de paz entre pandillas contrincantes al ver sus comunidades unidas, literalmente, por un puente. Este proceso, tomado en contexto con otras variables nacionales e internacionales, ha contribuido a la reducción de la violencia según las cifras oficiales. 

 

Brasil también ha tenido grandes aportes a esta nueva visión inclusiva del urbanismo y la participación de los ciudadanos. En 1989, ante la situación económica difícil del municipio de Porto Alegre, el alcalde Olívio Dutra del Partido de Trabajadores tomó la decisión de implementar las políticas de participación de su partido en las decisiones del presupuesto del municipio. Las decisiones sobre el presupuesto de la ciudad serían transparentes y contarían con la participación de la ciudadanía al tener como prioridad las comunidades más necesitadas.

El resultado de esta gestión innovadora ha sido un creciente nivel de conciencia política de los ciudadanos, que se ven informados y en control del porvenir de su entorno. Además, este proceso participativo ha sido elemento fundamental para eliminar la burocracia y la corrupción que tanto separa a la sociedad civil de los procesos políticos, lo cual los motiva a ejercer realmente sus derechos como ciudadanos. El modelo de presupuesto participativo de Porto Alegre ha sido emblemático para otras ciudades en América Latina y Europa, que han utilizado esta manera de participación ciudadana al adaptarla a su contexto y tradición democrática. 



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