El Royal Ontario Museum: entre la tradición y el gesto cristalino de Libeskind
16 diciembre, 2025 / Dirección Editorial Arkin

Normalmente, los museos son el contenedor de la historia y el arte, y su valor se concentra en aquello que resguardan. Sin embargo, algunos edificios trascienden su función y se convierten en protagonistas por derecho propio. Tal es el caso del Royal Ontario Museum de Toronto, más conocido como ROM, cuya transformación arquitectónica lo ha convertido en un referente urbano y cultural de la ciudad.

Diseñado por los arquitectos locales Frank Darling y John A. Pearson. A lo largo del siglo XX fue expandiéndose con nuevas alas y anexos: en 1933 se inauguró el ala este, obra de Alfred H. Chapman y James Oxley; en 1964 un planetario; en 1975 un atrio de varios niveles; y hacia 1984 nuevas galerías en forma de terraza. Tanto el edificio original como la ampliación de 1933 fueron protegidos oficialmente en 1973, consolidándose como parte del patrimonio arquitectónico de Toronto.

El cambio radical llegó en 2002, cuando un concurso internacional definió la necesidad de proyectar el museo hacia el siglo XXI. El ganador fue Daniel Libeskind, una estructura facetada y deconstructivista que rompe con la ortogonalidad histórica y parece emerger como un cristal incrustado en la ciudad. La obra, posible gracias a la donación de 30 millones de dólares del empresario Michael Lee-Chin, se inauguró en 2007 y desde entonces se convirtió en la imagen más reconocible del ROM.

El Crystal, compuesto en un 75% por aluminio y un 25% por vidrio, no solo aporta un gesto visual espectacular, sino también una nueva entrada principal, la tienda del museo accesible desde la calle, un restaurante, una cafetería y siete galerías adicionales. Con ello, el museo no solo amplió su capacidad, sino que reforzó su vocación pública, ofreciendo espacios que invitan al encuentro más allá de la visita a las colecciones.



